
Era el Sábado 18 de julio, estadio Monumental de Santiago. En la cancha Colo Colo lucha por derrotar al aproblemado cuadro de Deportes La Serena. La voz del locutor del estadio se escucha a través de la televisión: "Público controlado: 17.335 espectadores". Una sonora carcajada estalla desde todos los ángulos. Y con razón. Es evidente que en Pedreros hay casi 25 mil personas ¿Qué pasó con las ocho mil que no aparecieron en ningún recuento? Un chiste.
Rebobinemos. Tras la quiebra de Colo Colo a comienzos de 2002, el Monumental vio achicado artificialmente su cupo de espectadores. Un fin de semana tenía un aforo establecido de 62.500 y luego del decreto del síndico de quiebras, el cupo se bajó a 45.000 ¿Por qué? Nunca se supo. El tema es que desde ahí en adelante siempre la asistencia máxima quedó en los 45 mil.
Es cierto que cuando llegaban más de 55 mil se llenaban las escaleras y los accesos. Pero aun así, y pese a todas las aglomeraciones, el estadio metió varias veces más de sesenta mil espectadores. Dato relevante, cuando Chile jugó con Venezuela en ese estadio en 1997, hubo 44 mil controlados, y quedaron grandes espacios en las gradas.
Se puede argumentar que con la reducción de público se aseguran escaleras libres y butacas para todos los que pagan boleto. Pero eso no es cierto. Cada vez que Colo Colo llena su cancha (en Copa Libertadores por ejemplo), se da una asistencia de 45 mil espectadores y aun así queda gente afuera con boleto en la mano, las escaleras están con público y las vías de evacuación llenas ¿Qué pasa con el estadio?
Es evidente que se siguen vendiendo 60 mil entradas. Es pura matemática. Si lleno un balde con un litro de agua, y siete años más tarde lleno el mismo balde con un litro de agua ¿cuánto hace el balde? Un litro. Preguntas: ¿A dónde van los 18 mil que faltan? ¿Dónde están los ocho mil que no fueron contados el sábado aquel?


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